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El Gobernador Newsom presenta su último discurso sobre el Estado del Estado, honrando al pasado de California y reafirmando un futuro más brillante para todos

Gobernador Gavin Newsom Discurso: el Estado del Estado 2026

Discurso como preparado

8 de enero de 2026

He pasado toda mi vida — casi seis décadas— a lo largo de los ríos de este estado extraordinario, desde mis días de juventud en el alto Río Americano con mi padre, hasta el tiempo que he pasado con mis propios hijos, en las aguas abajo, no muy lejos de aquí.

Estos ríos dieron forma a la historia de California — un sentido de lugar— desde los pueblos originarios moldeados por estos ríos, hasta los hombres que extrajeron riquezas del sedimento. Cuando comenzó el grito de “¡Eureka! ¡Eureka!,” se desató la locura, las fortunas se hicieron y se perdieron, una y otra vez. 

Los agricultores trabajaron la tierra, nutrida por esos ríos. Los asentamientos se convirtieron en pueblos; los pueblos, en prósperas ciudades portuarias estadounidenses. La industria floreció. A través de dos guerras mundiales, una Gran Depresión y profundas convulsiones sociales, auges y caídas, California resistió. Prosperó.

Y los ríos siguieron fluyendo.

Durante 175 años, California ha sido una maravilla de invención y reinvención, de desastre y recuperación, de tenacidad e ingenio. Hemos encontrado la manera de construir el futuro, una y otra vez. Pero hoy, ese espíritu californiano está siendo puesto a prueba. Enfrentamos un ataque a nuestros valores como no he visto en toda mi vida.

El gobierno federal es irreconocible: protege a los poderosos a costa de los más vulnerables. Su credo es el miedo — miedo al futuro, miedo al extraño, miedo al cambio.

En Washington, el Presidente cree que la fuerza hace el derecho, que las cortes son simples topes en el camino y no señales de alto — que la democracia es una molestia que hay que esquivar. Policía secreta, redadas a negocios, ventanas destrozadas, ciudadanos detenidos, hombres enmascarados secuestrando personas en plena luz del día, utilizando ciudades como campos de entrenamiento para el ejército de Estados Unidos —un caos deliberado que emana de la Casa Blanca.

Trasladando la carga fiscal de los ricos — de los multimillonarios — a las pequeñas empresas, a los agricultores y a la clase media. Se llenan los bolsillos de los más ricos; capitalismo crony a una escala inimaginable. Capitalismo de Estado. Conflictos de interés. Hacer ganancias, no políticas públicas. Retroceso de derechos — ataques a comunidades marginadas, reescritura de la historia, censura de hechos históricos. Es una política de nostalgia torcida, obsesionada con restaurar las dinámicas de una época pasada.

Esto no es normal.

Es importante recordar, en momentos como este, que la mayor tragedia no es, como dijo King, el clamor de la gente mala, sino el espantoso silencio de la gente buena.

En California, no guardamos silencio. No nos escondemos. No retrocedemos. Somos un faro. Este estado está ofreciendo una narrativa diferente. Un modelo operativo, un plan de políticas públicas para que otros lo sigan.

Este estado, este pueblo, este experimento democrático no pertenece al pasado, sino al futuro. Ampliar los derechos civiles para todos, abrir puertas para que más personas puedan perseguir sus sueños. Un sueño que no es exclusivo —no de una sola raza, ni de una sola religión, ni de una sola clase social. Defender virtudes tradicionales —la compasión, el coraje y el compromiso con algo más grande que nuestro propio interés— y afirmar que nadie, en particular el Presidente de los Estados Unidos, está por encima de la ley. Hemos acudido a las cortes para proteger a nuestra gente, resistiendo el exceso del poder ejecutivo — 52 demandas presentadas, todas financiadas por ustedes, gracias a la sesión especial que lideraron.

Y como consecuencia, California ha preservado $168 mil millones en recursos federales congelados ilegalmente, que pertenecen a nuestras escuelas, nuestros hospitales y nuestros adultos mayores; recursos que pertenecen a la gente de este estado. Ganamos solicitudes de alivio de emergencia y reafirmamos que la Constitución es la ley suprema del país.

Señor Presidente: no puede cortar la asistencia alimentaria crítica para millones de personas. No puede enviar al ejército a ciudades estadounidenses sin justificación. No puede recortar de manera cruel e ilegal los fondos para la investigación médica, la seguridad nacional o la respuesta ante desastres.

Pero si vamos a mantener viva la esencia de California, debemos hacer más que solo resistir lo que está mal. Debemos seguir construyendo lo que está bien. No nos define aquello a lo que nos oponemos; nos define aquello que defendemos. La oportunidad, dignidad, responsabilidad. El futuro.

Cada año, los derrotistas, los opinólogos y los críticos que sufren del llamado “Síndrome de Obsesión con California” (California Derangement Syndrome) miran a este estado e intentan desacreditar nuestro progreso. Pero nosotros conocemos la verdad: el éxito de California no es casualidad —es producto del diseño.

Creamos las condiciones para que los soñadores y los hacedores, los inadaptados y los extraordinarios, con tenacidad e ingenio, vengan a construir lo imposible. Nos convertimos en el destino preferido de las primeras selecciones del mundo. Los mejores y los más brillantes, que llegan de todas partes en busca de prosperidad y nuevos comienzos.

Y no se trata solo de los fundadores tecnológicos en Silicon Valley o de los productores y guionistas en Hollywood. Hablo de los mecánicos en Modesto, los trabajadores agrícolas en Salinas y los agentes de policía en El Centro. Ningún estado en este país contribuye más —ninguno— a la grandeza del país. Ningún estado construye más escaleras hacia el éxito ni anticipa mejor el futuro.

La mayor economía manufacturera: construida aquí. La economía agrícola más productiva: cultivada aquí. El 18% de la investigación y desarrollo del mundo: invertido aquí. La mitad de los “unicornios” del país —empresas emergentes valoradas en más de $1 mil millones: con sede aquí. Las ciudades más felices de los Estados Unidos: aquí mismo —Fremont, San José, Irvine, San Francisco y San Diego. Y, por cierto, todas ellas tienen algo más en común: la cercanía a las mejores instituciones de investigación del mundo, el mayor sistema público de universidades que existe. Una auténtica cinta transportadora de talento.

Una prueba concreta: solo el año pasado, la Universidad de California incorporó cinco nuevos premios Nobel. Uno de cada tres laureados en los Estados Unidos está aquí, en California. El sistema UC cuenta con 13,700 patentes activas, más que cualquier otro sistema en el mundo. Simplemente, no tenemos comparación.

Este es el California que hemos creado y cultivado con pasos grandes y pequeños, emanados desde esta misma cámara. Ustedes han mantenido a nuestro estado estable y confiable al invertir en el Sueño Californiano.

Tan solo el año pasado, presentamos el primer plan concreto de desarrollo económico del estado. No de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba, región por región. Más de 10,000 personas participaron en su elaboración. Lo llamamos en inglés como Jobs First.

Trece estrategias de desarrollo económico y de la fuerza laboral, alineadas con universidades y centros de formación técnica. Un plan que reconcilia la historia macroeconómica de la cuarta economía más grande del mundo, $4 billones de dólares, y con la realidad microeconómica de 40 millones de personas que viven aquí. Un plan económico que sostiene a las familias.

Para el Valle Central de San Joaquín, eso significa empleos en manufactura y energía limpia, y por supuesto, en agricultura. Para la región de Redwood, empleos en turismo, salud, silvicultura y pesca. Para San Diego y los condados de Imperial, nuevos empleos en alta tecnología, biotecnología, manufactura avanzada y hospitalidad. Y para la Costa Central, nuevos empleos en aeroespacial y defensa, semiconductores, computación cuántica y tecnología agrícola.

Estamos haciendo todo en conjunto con nuestros exitosos créditos fiscales CalCompetes, ayudando a las empresas a contratar a más californianos y expandiendo la innovación en el estado: ingeniería aeroespacial en Torrance; manufactura de hidrógeno en Lancaster; investigación en fusión en San Leandro; y en Mojave, el condado de Kern, la primera planta siderúrgica construida en California en 50 años. Sobre la base del éxito de estos esfuerzos regionales, en el presupuesto de mañana les pediré que reautoricen nuestro programa de créditos fiscales por otros cinco años.

Y hablando de créditos fiscales, desde que se filmó la primera imagen en movimiento de un caballo llamado Sallie en Palo Alto, pasando por los primeros estudios de cine mudo en Fremont y Los Ángeles, Hollywood ha sido la industria más “California” de todas. Por eso hemos redoblado la inversión en el Programa de Créditos Fiscales para Cine y Televisión de California (California’s Film and Television Tax Credit Program), no solo para mantener aquí a nuestra industria icónica, sino también a todos los trabajadores sindicalizados: camarógrafos, especialistas en actuación, y diseñadores de escenografía y vestuario.

Mientras honramos con orgullo nuestro pasado, también estamos invirtiendo en nuestro futuro económico. Estamos definiendo la próxima década y más allá — a través de la robótica, la fusión, el espacio, la computación cuántica y la inteligencia artificial.

Y hablando de eso, no hace falta decir que ninguna tecnología ofrece más promesas y más riesgos — para el empleo, para nuestra economía, para nuestra forma de vida — que la inteligencia artificial. El genio tecnológico ya salió de la botella. Así que la pregunta no es si el cambio está ocurriendo; lo está. La pregunta es: ¿qué valores nos guiarán en esta nueva frontera?

Y esa es una pregunta que estamos respondiendo. El año pasado trabajamos juntos en una legislación histórica para crear las primeras normas del país para el uso responsable, ético y seguro de la inteligencia artificial, reglas que establecen límites claros y equilibran el riesgo con la oportunidad. Un esfuerzo de consenso y un modelo para la nación; recientemente, el estado de Nueva York adoptó nuestro enfoque y lo hizo propio.

Es un ejemplo del liderazgo de California —de cómo estamos dando forma al futuro. Una combinación única de conciencia y capital, de espíritu emprendedor e innovador que fomenta la toma de riesgos, no la imprudencia. Pólizas que crean previsibilidad, para que los inversionistas tengan confianza y los innovadores tengan espacio para soñar y para hacer.

Compárese esto con el carnaval de caos en el escenario nacional. Los mini-dramas de la administración y el vacío espectáculo diario, todos con consecuencias reales, ninguna más clara que la llamada Big Beautiful Bill. Esa ley pone a 1.8 millones de californianos en riesgo de perder su seguro médico y a 2 millones frente a aumentos en el costo de su seguro médico. Recortes a la asistencia alimentaria —a punto de afectar a 375,000 californianos.

¿Y para qué? Todo para beneficiar al 10% de las personas más ricas del país —personas que ya poseen dos tercios de la riqueza de los hogares. Plutarco tenía razón cuando advirtió, hace 2,000 años, que este desequilibrio entre ricos y pobres “es la más antigua y mortal de todas las enfermedades de las repúblicas.”

Comprendiendo las lecciones del pasado, en California construimos con orgullo uno de los sistemas fiscales más progresivos del país. Uno que pide a quienes más ganan que aporten un poco más, sin castigar a quienes ganan menos. Piénsenlo: 11 estados imponen más impuestos a su clase media que California, y 16 estados imponen más impuestos a sus trabajadores de bajos ingresos que California a quienes ganan salarios altos.

Entonces, ¿quiénes son realmente los estados con impuestos altos?

Miren a Tejas y la Florida. Con los sistemas de impuestos más regresivos del país, que castigan más a quienes ganan poco que a los ricos. En California defendemos la equidad —y en más de una manera. Por eso me sentí orgulloso de trabajar con la Legislatura para aumentar el salario mínimo de los trabajadores de comida rápida a $20 por hora y el de los trabajadores de la salud a $25 por hora.

Comparen eso con trabajadores en Alabama, Carolina del Sur o Tennesse —y en otros 17 estados— que trabajan a tiempo completo por apenas $7.25 la hora, un salario mínimo que no ha aumentado en casi dos décadas. Intenten pagar la renta, criar una familia y pagar una educación con eso.

Todo se reduce a una pregunta sencilla: ¿de parte de quién estás? ¿De los ricos y poderosos, los mejor conectados? ¿O del conductor de autobús, el conserje, la maestra de educación especial, trabajando horas extra para sostener a sus familias?

Y hablando de apoyar a nuestros educadores, estoy orgulloso de presentar mañana un presupuesto con las inversiones más significativas en educación pública en la historia de California, respaldado por el Fondo General del estado por un total de $248.3 mil millones, incluyendo ingresos que superan $42.3 mil millones de la proyección del pasado año.

¿Por qué? Porque nuestra economía está creciendo. Porque nuestra población está creciendo. Y por la energía y el atrevimiento de nuestros emprendedores, que están dominando las industrias del futuro.

Como resultado de esta ganancia inesperada — y siendo conscientes de la naturaleza volátil de los ingresos estatales y de nuestros desafíos estructurales a largo plazo — estamos reconstruyendo nuestras reservas, sumando $7.3 mil millones. Y estamos reduciendo obligaciones de pensiones a largo plazo por un total de $11.8 mil millones en los próximos años, incluyendo $3 mil millones solo en el presupuesto del próximo año.

Y hablando de obligaciones, todos sabemos que no hay ninguna más importante que la que tenemos con nuestros hijos y con su educación. Por eso, el presupuesto de mañana incluye una cifra histórica de $27,418 por estudiante. Este presupuesto financiará completamente nuestro programa universal de Transitional Kindergarten y mantiene nuestro compromiso de reducir el tamaño de las clases para mejorar la calidad educativa de nuestros estudiantes más pequeños.

Este también es un presupuesto que continúa con nuestras inversiones líderes a nivel nacional en comidas escolares — casi un mil millones de desayunos, almuerzos y botanas tan solo el año pasado — y que impulsa el plan más amplio y audaz del país para eliminar los alimentos ultraprocesados de nuestras cafeterías. Contrasten esto con lo que Donald Trump anunció esta misma semana: que recortará ilegalmente todos los fondos federales para TANF y cuidado infantil en, curiosamente, sólo cinco estados demócratas, incluyendo California. Recortes que podrían poner a los padres en el caos, obligándolos a elegir entre ir a trabajar o cuidar a sus hijos, poniendo en riesgo la expansión más significativa del cuidado infantil en los Estados Unidos — con nuestro estado ya apoyando a 487,000 niños y ahorrando a las familias miles de dólares al año.

Cuando hablamos de las familias ahorrando dinero, debemos recordar el compromiso audaz que asumimos hace apenas unos años para fortalecer los programas antes y después de la escuela, ofreciendo nueve horas diarias de enriquecimiento y 30 días de escuela de verano cada año. Me enorgullece decir que este presupuesto culminará ese esfuerzo y hará que ese compromiso sea universal en todas las escuelas primarias del estado. Más horas de enriquecimiento, más tutores de lectura, más especialistas en lectura, comidas saludables para todos y un grado educacional adicional para cada estudiante.

No se trata solo de cada una de estas iniciativas por separado; se trata de la transformación integral de nuestros campus a través de escuelas comunitarias rigurosas, relevantes y participativas, uno de nuestros logros más importantes. Hasta la fecha, California ha invertido $4.1 mil millones de dólares en estas escuelas comunitarias transformadoras para apoyar a casi 2,500 escuelas. Y no hemos terminado. El presupuesto que propongo incluye $1 mil millones de dólares adicionales para expandir este modelo a miles de escuelas más con mayores necesidades.

Estas inversiones plurianuales en educación están dando resultados. Solo este año hemos visto mejoras en el rendimiento académico en todas las materias, en todos los grados y en todos los grupos estudiantiles, con avances particularmente significativos en los resultados de estudiantes afroamericanos y latinos.

Estos avances son especialmente pronunciados en Los Ángeles, el segundo distrito escolar más grande del país. A los maestros, empleados clasificados y padres de familia de LAUSD: deben sentirse orgullosos del progreso que están logrando, y especialmente orgullosos del liderazgo del Superintendente Alberto Carvalho, quien nos acompaña hoy. Bajo su dirección, el distrito está superando el progreso estatal, excediendo los niveles previos a la pandemia en todas las categorías y alcanzando los niveles más altos desde que se implementaron las evaluaciones estatales actuales hace una década. Y sí, el propio superintendente sería el primero en reconocer que aún queda mucho trabajo por hacer.

Precisamente por eso, ya era hora de modernizar el manejo de nuestro sistema educativo. En el presupuesto que presentaré mañana, propongo unificar la formulación de políticas de la Mesa Directiva Estatal de Educación y el Departamento de Educación, permitiendo que el Superintendente Estatal de Instrucción Pública alinee las políticas educativas desde la primera infancia hasta la educación superior.

Hicimos lo correcto el año pasado al retirar los teléfonos celulares de nuestras escuelas públicas. Todos los padres lo entienden. Nuestros hijos están cada vez más ansiosos, más dependientes, menos libres y menos felices porque gran parte de sus vidas se desarrollan en línea. Muchas de sus experiencias se han vuelto performativas, medidas por la validación externa — por un “like” y los seguidores. Estamos viendo cómo se desgasta en tiempo real la salud emocional y espiritual de nuestros jóvenes.

Esta conversación vital sobre qué hacer al respecto se ha desarrollado en estas cámaras durante más de una década. Me enorgullece que California lidere a la nación en seguridad digital infantil, gracias a las leyes que ustedes aprobaron —incluyendo muchas que firmé el año pasado— sobre la verificación de la edad, la seguridad de chatbots y los controles parentales.

Pero recientemente, Australia acaparó muchos titulares por dar pasos aún más audaces. La pregunta es: ¿qué más deberíamos hacer? Las consecuencias de equivocarnos son demasiado evidentes: depresión, aislamiento social y, en algunos casos, radicalización, particularmente entre nuestros jóvenes y adolescentes varones, tanto en línea como en persona.

Consideren esto — y discúlpenme: al entrar a una morgue, de cada cinco jóvenes que murieron por suicidio, cuatro son niños o jóvenes varones.

Los hombres jóvenes tienen 14 veces más probabilidad de ser encarcelados, tres veces más probable de morir por una sobredosis y más del doble de probable de quedarse sin hogar. Uno de cada siete hombres no tiene amigos. Y la mitad de los hombres jóvenes ni siquiera ha invitado a una mujer a salir en persona. Nuestros jóvenes y niños están luchando — y California está respondiendo.

Recientemente emitimos una Orden Ejecutiva que, entre muchas acciones concretas, creó un programa llamado en inglés como Men ‘s Service Challenge, convocando a 10,000 jóvenes a servir como tutores, mentores, entrenadores y líderes en sus comunidades. Ese servicio no se limita a nuestros hombres y niños, sino que se extiende a todos a través del California Service Corps, que ahora es más grande que el Cuerpo de Paz. Y solo a través de nuestro programa College Corps, 3,500 estudiantes ganan hasta $10,000 a cambio de completar 450 horas de servicio.

“El servicio es el corazón y el alma que nos une,” ayudando a desarrollar el carácter personal, las amistades y también las carreras profesionales.

Y hablando de carreras profesionales, quiero agradecer a esta Legislatura por ayudar a financiar el primer plan maestro del estado para la educación profesional. Este proceso de tres años, recién concluido, crea trayectorias fluidas y libres de deuda desde la escuela hasta empleos bien remunerados, con o sin experiencia universitaria. Estamos integrando la formación profesional, fortaleciendo alianzas regionales y construyendo un nuevo “pasaporte profesional” digital para que las personas puedan dar seguimiento a sus habilidades.

Establecimos un objetivo juntos: crear 500,000 aprendizajes para 2029. Hoy me enorgullece anunciar que hemos superado esa meta, sumando 600,000 oportunidades de “aprender mientras se gana,” más que en cualquier otro lugar del país. Y muchos de esos aprendices —en oficios especializados como electricistas, obreros y carpinteros— ya están trabajando en fortalecer y construir los cimientos físicos de nuestro estado.

En este momento, estamos desarrollando más proyectos de infraestructura que en cualquier otro momento desde la administración del Gobernador Pat Brown – $109 mil millones en ejecución, más de 28,000 proyectos distintos y más de 200,000 personas trabajando para fortalecer este estado. Proyectos de restauración ambiental y energía; carreteras y puentes; agua y electricidad; ferrocarriles y puertos; y conectividad de banda ancha para comunidades rurales. Conocido en inglés como Sites Reservoir, el primer almacenamiento de agua sobre el nivel del suelo en 50 años, así como el proyecto de almacenamiento solar con baterías más grande del mundo —2,300 megavatios en el condado de Fresno— avanzan bajo la nueva autoridad de permisos acelerados de California.

Y hablando de las vías, finalmente estamos tendiendo las vías del primer Sistema Ferroviario de Alta Velocidad del país, construyendo la red de transporte del siglo XXI. Todo con aprobación ambiental total. Hemos construido 50 estructuras grandes. Más de 60 millas de guías viales ya están terminadas, listas para la colocación inmediata de rieles en el Valle Central. Se han adquirido 2,270 parcelas para derechos de paso. Se completó la electrificación total de 51 millas de vía para Caltrain, lo que nos permite mover a más personas de manera más eficiente. Estamos conectando algunas de las regiones de más rápido crecimiento del estado —Fresno, Madera y Bakersfield— reduciendo tiempos de traslado y haciendo la vida más asequible para las familias del Valle Central.

La asequibilidad no es una palabra que acabemos de descubrir, y desde luego no es un engaño. Así es como la entendemos: no se trata de un solo problema, sino de una acumulación de muchos problemas, uno sobre otro. Pero el factor que afecta a más aspectos de la vida, en más formas y en más días, es el costo de la vivienda —el pecado original de California. Durante décadas, la historia de las reformas de vivienda en California fue una de retrasos y negación.

Dicho esto, nos pusimos manos a la obra en 2019, aprobando las protecciones para inquilinos más sólidas a nivel estatal en todo los Estados Unidos. Y en los últimos años, hemos consagrado las reformas de vivienda más trascendentales en la historia de nuestro estado. Tan solo el año pasado, tuve el orgullo de firmar 61 leyes de reforma de vivienda, despejando marañas regulatorias, obligando a los gobiernos locales —a menudo reacios— a involucrarse, y modernizando la revisión ambiental.

Pero aún queda mucho por hacer. Y espero con entusiasmo trabajar con la Legislatura este año, en particular para reducir el costo de la construcción, utilizando nuevos métodos y tecnologías de edificación —reformas centradas en los trabajadores que incorporan a nuestras hermanas y hermanos del movimiento laboral.

Y hay otra área urgente que requiere nuestra atención: los inversionistas institucionales que acaparan viviendas por cientos y miles a la vez, aplastando el sueño de ser propietario y empujando los alquileres a niveles insoportablemente altos para todos los demás. Es vergonzoso que permitamos que firmas de capital privado desde Manhattan se conviertan en los mayores propietarios en muchas de nuestras ciudades.

En las próximas semanas, trabajaremos con la Legislatura para combatir este comportamiento monopólico, reforzar la responsabilidad y nivelar el campo de juego para las familias trabajadoras. Eso significa mayor supervisión y aplicación de la ley, y posiblemente cambios al código tributario estatal para lograrlo.

Pero la vivienda es solo un componente del conjunto de desafíos de asequibilidad que enfrentan las familias californianas.

Y es por eso que nuestro conjunto de soluciones ha incluido más que triplicar el Crédito Tributario por Ingreso del Trabajo, devolviendo 7.6 mil millones de dólares a los bolsillos de las familias trabajadoras desde 2019. Juntos creamos el Crédito Tributario para Niños Pequeños (Young Child Tax Credit) y el Crédito Tributario por Jóvenes de Crianza Temporal (Foster Youth Tax Credit). Hemos ampliado la Licencia por Enfermedad Pagada y la Licencia Familiar Pagada, permitiendo que los trabajadores elegibles reciban hasta el 90% de su salario mientras crían y sostienen a sus familias. Gracias a todos estos créditos fiscales focalizados, reembolsos y ampliaciones de programas, la familia californiana promedio ahora ahorra $18,000.

Pero reconozco que el nuevo “costo de los blanquillos” ahora es la factura de la energía.

El principal factor detrás del aumento de las facturas energéticas en la última década ha sido el costo de reforzar nuestra infraestructura y otros gastos relacionados con los incendios forestales, impulsados de manera significativa por el cambio climático. Es por eso que el año pasado trabajé con todos ustedes para extender nuestro programa líder a nivel nacional conocido en inglés como Cap-and-Invest por otras dos décadas, proporcionando cerca de $60 mil millones en reembolsos en las facturas mensuales de energía. Este año, además, superamos nuestras diferencias para habilitar un nuevo mercado energético regional que aumentará la confiabilidad y reducirá los costos energéticos.

Por cierto, una de las cifras que no es alta en California es nuestra tasa de personas sin seguro médico – 6.4 %, una de las más bajas del país. Además de la mayor expansión de atención médica en los Estados Unidos, subsidiamos a unas 370,000 personas para reducir el costo del seguro de salud a través de Covered California.

Pero no basta con subsidiar los costos del cuidado de salud; necesitamos reducirlos. Y eso es exactamente lo que estamos haciendo a través de nuestro programa llamado en inglés como CalRx, lanzando nuestra propia marca de medicamentos genéricos. Tan solo la semana pasada lanzamos insulina a $11 por cada pluma, tal como hicimos el año pasado con la naloxona que salva vidas.

En ese mismo espíritu, también reformamos de manera fundamental nuestro sistema de salud mental y la respuesta a las personas que les falta una vivienda. Cuando comencé como Gobernador, no existía un plan para personas sin hogar, ni un plan de salud mental, y ciertamente tampoco un plan de vivienda. No había rendición de cuentas y había muy poca inversión. La responsabilidad cayó en las manos de ciudades y condados, con poco interés desde Sacramento.

Pero eso cambió cuando diseñamos nuevos programas estatales. Conocidos en inglés como Homekey y Project Roomkey — que juntos han sacado a más de 72,000 personas de las calles, convirtiendo hoteles, moteles y otras propiedades en viviendas de largo plazo. Y estamos viendo los resultados.

Datos preliminares, recién compilados, muestran que el número de personas sin hogar no alojadas en California disminuirá un 9% en 2025. No habíamos visto una reducción así en una década y media. Los Ángeles, una baja del 10.3%; Riverside del 19%; el condado de Contra Costa del 34.8%. Y vale la pena recordar que el año pasado, el país en su conjunto registró un aumento del 18.1% en las personas sin hogar. Nuestras inversiones están dando resultados.

Y por supuesto, no es suficiente — especialmente para quienes viven en las calles, automedicándose con drogas o alcohol, o sufriendo de trastorno bipolar, esquizofrenia o paranoia. Pero hoy, gracias a su liderazgo, contamos con nuevas herramientas para abordar estos desafíos. Modernizamos las históricas leyes de tutela de California por primera vez en más de 50 años. Creamos el programa conocido en inglés como CARE Court, un nuevo marco legal para conectar a personas con psicosis no tratada con servicios y vivienda ordenados por un tribunal.

Y los votantes de California hablaron con la aprobación de la Proposición 1 en 2024, un bono de $6.38 mil millones para construir más viviendas de salud mental. En solo 18 meses, ya hemos aprobado casi el 70% de las nuevas camas y cupos de tratamiento prometidos bajo la Proposición 1 — la distribución de fondos de bonos más rápida en la historia de nuestro estado. 4,236 nuevas camas de salud mental, tanto cerradas como abiertas, y 18,875 nuevos espacios de tratamiento ambulatorio.

Y el 1 de julio de este año, implementaremos la segunda fase de la Proposición 1, redirigiendo más de $1 mil millones anuales en fondos de salud mental hacia vivienda y tratamiento para personas que viven en las calles, brindando a los condados lo que han solicitado durante años: financiamiento predecible para vivienda y tratamiento de adicciones. Basta de excusas —es hora de sacar a las personas de las calles, de los campamentos, llevarlas a una vivienda y a tratamiento. ¡Los condados deben hacer su parte!

Eso no significa que tengamos las manos limpias. Y por eso, desde 2021, el estado ha retirado más de 19,000 campamentos y ha trabajado con proveedores para ayudar a más de 61,000 personas a acceder a servicios. Estamos viendo resultados, haciendo las calles más seguras para todos y reconociendo plenamente que la calidad de vida está en el centro de las frustraciones de la gente en este estado.

Cuando se trata de calidad de vida y seguridad pública, hablemos con hechos. Proporcionamos $267 millones en subvenciones a departamentos de policía y fiscalías para combatir el crimen organizado, el robo minorista y exigir cuentas a los delincuentes. Desplegamos Equipos de Supresión del Crimen en Bakersfield, San Francisco, San Bernardino, Oakland y, recientemente, Stockton, apoyando a las fuerzas del orden locales con la ayuda de la Patrulla de Caminos de California – una fuerza aliada por la incorporación de más de 1,000 nuevos oficiales. Gracias a estos esfuerzos, hemos visto reducciones de dos dígitos en el crimen en total: delitos contra la propiedad, a la baja; agresiones agravadas, a la baja; robo de vehículos, a la baja; robo con allanamiento, a la baja; robo de la persona, a la baja; delitos violentos, a la baja. Las ciudades de California están registrando tasas históricamente bajas de homicidios: Oakland, la más baja desde 1967; Los Ángeles, la más baja desde 1966; y San Francisco, la más baja desde 1954. Y, aun así, queda trabajo por hacer.

A quienes padecen el llamado Síndrome de Obsesión con Californiana (California Derangement Syndrome), es hora de actualizar sus argumentos. California sigue siendo el lugar más bendecido y, a menudo, el más castigado del planeta: una belleza natural y con prosperidad profunda, junto con desastres naturales igualmente profundos que ponen a prueba nuestro espíritu y nuestros recursos.

Recientemente estuve en Belém, Brasil, en la conferencia climática COP 30. Estados Unidos no estaba presente. Esta nación, una nota al pie. China envió cerca de 800 delegados.

Hoy, China fabrica el 70% de los vehículos eléctricos del mundo, inundando el mercado global con autos de alta calidad y bajo costo. Esto no es solo una cuestión de energía verde; es poder económico. Están dominando este sector, asegurando mercados, cadenas de suministro e influencia global. Nos están ganando la partida.

Pero en California nos negamos a ser espectadores. Ya contamos con siete veces más empleos en energías limpias que en combustibles fósiles. El año pasado operamos la cuarta economía más grande del mundo, utilizando energía 100% limpia durante al menos parte de nueve de cada diez días. Hoy, dos tercios de nuestra energía provienen de fuentes limpias como la solar, hidráulica, eólica, geotérmica y nuclear. Y tan solo el año pasado, California puso fin definitivamente al uso de energía generada con carbón.

Estamos en el negocio del “cómo.”

Y también entendemos que el riesgo climático es riesgo financiero, y que ese riesgo se está volviendo inasegurable. Por eso estamos fortaleciendo la resiliencia de nuestros hogares y comunidades frente al calor y los incendios, y trabajando con nuestro Comisionado de Seguros para estabilizar y proteger a los propietarios frente a aumentos impredecibles y cancelaciones de pólizas. Fuimos el primer estado del país en exigir a las aseguradoras que reduzcan las primas por mejoras de protección en viviendas. En los últimos meses, seis compañías de seguros anunciaron su compromiso de mantener o ampliar su cobertura en California.

Aún queda mucho por hacer para implementar plenamente nuestra estrategia de seguros sostenibles y para exigir a las aseguradoras que cumplan con su obligación de asegurar en las zonas de alto riesgo del estado.

Estas historias de seguros estuvieron muy presentes cuando ayer me reuní con sobrevivientes de los incendios forestales de Los Ángeles. Recordemos lo que ocurrió hace un año: entre el 7 y el 22 de enero, se quemaron 48,000 acres —el equivalente a tres Manhattans. Comunidades destrozadas: Palisades, Altadena, Malibu, Pasadena. Los incendios cobraron la vida de 31 personas y destruyeron más de 16,000 estructuras.

En este aniversario sombrío, no sólo honramos a quienes perdieron la vida, sino también a los bomberos y primeros respondedores que enfrentaron condiciones inimaginables —una tormenta de fuego en pleno invierno, con vientos de fuerza huracanada. Lo que hicieron fue milagroso y heroico. Combatieron condiciones imposibles, en el viento y en la oscuridad, realizando peligrosas misiones nocturnas sobre el infierno del fuego.

Hoy, muchos miembros de Cal FIRE están aquí, junto con grupos comunitarios, dueños de negocios y, lo más importante, sobrevivientes de los incendios de Eaton y Palisades. ¿Pueden ponerse de pie? Quiero que todos les demos un fuerte aplauso por su resiliencia, su valentía y su fortaleza.

Miren, Los Ángeles acaba de completar la remoción de escombros más rápida en la historia de los Estados Unidos. Brindamos alivio hipotecario. Comprometimos $2.5 mil millones para los esfuerzos de recuperación. He firmado 27 órdenes ejecutivas. Ustedes aprobaron más de una docena de leyes para eliminar trámites innecesarios, permitiendo que los sobrevivientes comiencen a reconstruir. Y es cierto: la ciudad y el condado han emitido más de 2,500 permisos de construcción.

Pero no es suficiente. Ni de cerca. Necesitamos acelerar al máximo la reconstrucción de estas comunidades. Por eso estamos trabajando para crear un nuevo fondo de reconstrucción que cierre la brecha entre los pagos del seguro y el costo real de reconstruir —ayudando a los sobrevivientes a regresar a sus hogares aún más rápido.

Contrastemos estos esfuerzos con el fracaso absoluto de Donald Trump para actuar. Se niega siquiera a enviar al Congreso una solicitud de ayuda para recuperación por desastres de $33.9 mil millones, respaldada por toda la delegación de California —demócratas y republicanos— para apoyar a las víctimas en Los Ángeles. Es hora de que el Presidente de los Estados Unidos actúe como Presidente de TODOS los Estados Unidos. Es hora de cumplir sus promesas y responder a la gente de Los Ángeles.

No hay duda – este ha sido un año difícil, no solo por estos incendios, la federalización de la Guardia Nacional, y el ataque a nuestras normas e instituciones democráticas. Y, aun así, uno de nuestros mejores años.

Porque la adversidad no solo nos hiere; nos revela.

La historia de California nunca ha sido una historia de comodidad. Ha sido una historia de esfuerzo, fortalecida por la prueba y engrandecida por personas que se niegan a abandonarse unas a otras. Hemos construido algo que no es perfecto ni está terminado, pero es real; siempre avanzando. Como los ríos que definen nuestro paisaje, nuestro pueblo es imparable.

Somos el hogar de más estadounidenses que cualquier otro estado. Cultura, comida, música, cine, inteligencia artificial, biotecnología, computación cuántica, agricultura —todo sucede aquí primero.

No huimos del cambio; lo impulsamos. Estamos demostrando que la democracia inclusiva funciona. Que la expansión de los derechos humanos funciona. Que la inmigración legal funciona. Y que un sistema tributario progresivo funciona.

California nunca ha sido cuestión de perfección. Se trata de la perseverancia. Del valor de nuestras convicciones y de la fortaleza para vivirlas. Así es como se hacen las cosas en California.

Y ese camino ilumina el rumbo para el resto del mundo.

El trabajo que hacemos, construyendo una California donde cada persona pueda verse reflejada, nunca termina. Por eso seguimos adelante, para que dentro de algunos años podamos decirles a nuestros hijos que no nos conformamos con el mundo tal como era. Que podemos decir con orgullo: construimos algo digno de ellos. Construimos el futuro.

Gracias, California.

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